TU MORBO ME MOLESTA...

Siempre había escuchado en reuniones de noticias y en otros momentos, las múltiples quejas de madres que se sienten rechazadas por amamantar a sus hijos en lugares públicos pero creo que no le había prestado tanta atención al tema hasta que me toco vivirlo en carne propia. Realmente no consideré que ese momento tan importante donde se estrecha el vínculo entre madre e hijo fuera motivo de disgusto. Es en estos instantes cuando te puedes preguntar ¿qué hacían las mujeres en la época donde no existía la leche de fórmula?, acaso ¿se escondían?, o ¿amamantar era una actividad tan normal que se realizaba en lugares públicos y nadie tenía la malicia de pensar que era inadecuado? 

A un mes de haber nacido Leonid decido a salir a un restaurante con mis amigas y como madre primeriza sin querer dejar a mi hijo ni por un minuto, me lo llevo. Al llegar el momento de su alimentación, y siendo la lactancia su alimento exclusivo, me dispongo a satisfacer su necesidad, me bajo la camisa y lo pego a mi pecho.

Lo curioso de todo esto ocurre cuando una bella señora se me acerca y me dice que este no es lugar para niños; realmente no sé a que se refería con eso si estamos en un restaurante para todo público, en horas del desayuno. Simplemente opte por responderle con una pregunta, ¿señora, usted tiene hijos?, me respondió: “sí y los alimentaba en casa”. Lo que ocurrió luego fue explicarle que lamentaba su incomodidad al verme alimentar a mi hijo pero que mi intención era no descuidar el doble rol que ahora tengo al ser madre y mujer con ciertos deberes sociales.

¿A qué viene esto? A la existencia de algunos esquemas mentales que obstaculizan el avance de la lactancia materna. Sin importar el qué dirán o la forma cómo te miren, convierte tu espacio en algo especial rodeado de un aura de felicidad… ese que a muchas les hubiese gustado disfrutar pero que no tuvieron el valor de conquistar. No estás haciendo nada inadecuado y es un deber de toda madre responsable que vela por el bienestar de su hijo.

Si te sientes más cómoda puedes usar camisas holgadas para que tu bebé pueda estar dentro de ella cuidando que esté cómodo al momento de respirar. También puedes usar un pañuelo para cubrirte la zona pero lo importante es que nadie te arruine este momento de estrecha comunicación con tu hijo. Esa energía positiva que se produce en ese momento de succión dura muy poco, aprovéchala, gózala, disfrútala.

La lactancia, un acto tan natural de la vida materna que no debería convertirse en polémica. Un restaurante, un parque, un autobús, en la piscina mientras acompañas a tu grupo familiar… son algunos de los sitios donde una madre puede llegar a dar el pecho a su bebé. Es un hecho tan natural y espontáneo que solo los prejuicios sociales, las tradiciones culturales y la falta de información son los que generan que aún existan personas que se sienten incómodas al ver este acto en lugares públicos.

Instituciones como la Organización Mundial de la Salud (OMS) hablan de la cantidad de niños con problemas de malnutrición que se pudieran evitar si la lactancia materna fuese la única alimentación durante los primeros seis meses de vida, pudiéndola continuar hasta los dos años, si las condiciones están dadas, complementada con los alimentos que tu pediatra de confianza te vaya indicando.

Para finalizar el encuentro de hoy, les voy a compartir una bonita reflexión tomada de la red: “Lo estás mal acostumbrando a los brazos” que espero sea de tu agrado.

 

"LO ESTAS MAL ACOSTUMBRANDO A LOS BRAZOS” me afirmo el verdulero…

Díselo a la naturaleza, que lo ubicó 9 meses cerca de mi corazón, 9 meses al compás de mi respiración, 9 meses en compañía de mi voz. Ella lo mal acostumbró primero, que sabiamente lleno mis pechos lecheros, para seguir siendo, uno los dos. Que te explique la naturaleza, por qué me sonríe cuando estoy fea y me estira los brazos loco de amor. ¿Qué lo estoy mal criando en brazos? ¿Cuándo no me pide zapatos, ni un auto de lujo, tan solo que lo tome, por besos babosos a cambio? No me niego a sus brazos, porque negarme, sería reprimir el amor más puro e incondicional, me pide brazos porque después de pasar casi un año tan unidos como jamás lo volveremos a estar, nuestro único consuelo es abrazarnos, para no extrañarnos tanto y amarnos más y más. Después de todo, más temprano que tarde aprenderá a caminar y todo esto será un hermoso recuerdo, de cuando una vez él fue bebé y mis brazos eran todo para él. Así que señor verdulero, sin duda la naturaleza es más sabia que ambos, lo que para usted es “mal acostumbrarlo a los brazos” ella lo llama AMAR, MAMAR, MAMÁ; ni los árboles sueltan sus frutos pequeños, los cargan, hasta que estén listos, es lo natural; me dije. Y yo le respondí: Dos kilos de papa, uno de cebolla…" Eloísa Alarcón

 

Carolina Dementiev

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